PÁJARO DE CHINA
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domingo, 28 de agosto de 2011

IX.





que este desorden en la pared te pertenezca.
es una transición hacia el parque polar
donde no hay niño que llore ni que crezca
ni antigua imagen que implosione hasta quemar

el pecho. este trazo es un tacto.
no supe escribirme, no me pude leer, 
muevo la boca y dibujo, como quien cumple un pacto,
tu nombre que se inclina a sostener

esta anarquía. es un impulso, un gesto,
un diminuto vuelo agotador, lo que está abajo
se entrega para hacer este collar de restos.
que deshacerlo sea tu trabajo. 

esta hora mía tiene su cepillo de plata.
y es de lata mi pie, tu tierno y oxidado pie de lata.




Imagen: Liliana Porter
             Sin título, con cepillo de plata, 2010.




domingo, 21 de noviembre de 2010

VIII.



El amor es una corriente eléctrica constante.
Se especializa en cables submarinos.
No es proletario, no es burgués, no es fino.
Su armario impide el hastío de los guantes.

Por este miedo va al agua el elefante.
Dale a mi cara tu tacto de platinos.
Enfrento el cielo de tormenta por delante
con mi espadita de samurai del barrio chino.

"Con ésa es suficiente", me dijiste.
Me había trepado a la escalera de los tristes
para empuñar una mayor que mi estatura.

Tu puño fue de mi corazón a mi cabeza.
La doble sede del combate que apresura
a mi boca a besar, a mi sien a alistar, sus impurezas.  





Foto: Serie "Las aventuras de Guille y Belinda
y el enigmático significado de sus sueños"
Alessandra Sanguinetti (1998-2006)


martes, 11 de mayo de 2010

VII.


Mis dedos se entrelazan para hacer una cuna
donde puedas caer sin desgarrarte.
Sueño tu modo de hacer un estandarte
de la mitad perseverante de esta luna.

Pobre de mí, cuando tallan las runas
que deshacen lo que he podido darte.
Pobre de mí. ¿Cómo podrías quedarte
si desaparecí? Tu memoria invierte mi fortuna.

La otra mitad del sueño no era mía,
como es mío el arte de acunar.
Las runas caen entre mis piernas mientras nombro.

Entonces nombro lo que no podría
robarme el viento que no cesa de robar.
Digo lo que no pide sostenerse en tu hombro.

Estrellas invariables en mi patria de escombros,
amores propios con los que armo cada amor.
Mis sobrevivientes del desastre fundan su diccionario del temblor.


Foto: Adriana Lestido.

jueves, 11 de marzo de 2010

VI.



Hay actas y escrituras. Nada es tuyo ni es mío.
Hay democratización de la cultura. Nada es nuestro.
No nos tapemos con cosas cuando tengamos frío
porque las cosas son hijas del secuestro.

Aunque pague por las tazas de té.
Aunque trabajes por el gato con botas.
Los pies del gato sangran pero no se ven.
No ves la hormiga dentro de la gota.

Los juguetes que abraces tienen clavos.
Tienen miedo y no pueden dormir.
Se ríen pero no se mueven.

Los clavos se clavaron y sellaron
esa boca que no pueden abrir.
Si la abren se rompen y se mueren.



Instalación: Liliana Porter, 2009.

lunes, 8 de marzo de 2010

V.


Tira de la cuerda interminable.
Enrolla cuerda que se deja enrollar. 
Porque esta cuerda sabe lentamente estrangular
el cuello del que enrolla. No le hables. 

¿Qué te podría decir? No es responsable.
La repetición obtura su pabellón auricular.
Las teorías se enroscan en tu paladar.
No hay lector, no hay efecto deseable. 

No hay efecto. No hay intersección.
La fractura se tragó el idioma
entre el hombre que va enrollando cuerda

y el que escribe sobre el hombre que enrolló
su presente a la cuerda que es un coma. 
Sus lenguas se bifurcan. No concuerdan. 

En esas lenguas cosidas no hay quien muerda
porque el coma se las come a las dos.
No se corta la cuerda. No hay cuchillo de voz.


Instalación: Liliana Porter, Trabajo forzado.

jueves, 7 de enero de 2010

IV.




La tijera corta sin ley el viento de tu pelo.
Encarnizada con tu pecho, abriendo un tajo
del que se escapan peces de terciopelo.
Esta tijera siempre muerde abajo.

El desorden de lo inclasificable.
El enigma de tu aterrado corazón
atado al cable de una noche interminable.
El eclipse que implica tu interposición.

Tu acuario es una hermosura. Y tu melancolía
adivinaba la voracidad de la tijera. No hay piedad.
No hay nadie. La fosforescencia de tu genealogía
desquicia al lobo en la oscuridad.

Pesquisa y sesga la carne más tierna.
Mastica intacta la estrella natal de tu entrepierna.


sábado, 12 de diciembre de 2009

III.




Yo no sé qué hay del otro lado.
Pero lo he imaginado y lo he pedido.
Lo he esperado como quien da sentido
al óxido, a la aguja, al alambrado.

Soñé hasta sus tesoros enterrados.
Desenterré de mis sueños un vestido.
Un movimiento que brilla y no hace ruido.
El uniforme de los esperanzados.

Cruzo pensando que no quemará.
Arqueo el esplendor de mis huesitos.
El césped dice que no me soltará.

No alzo la vista. Lloro de alegría.
Que aparezcan los lobos. Los malditos.
No les habré regalado un solo día.



Foto: Serie "Las aventuras de Guille y Belinda
y el enigmático significado de sus sueños"
Alessandra Sanguinetti (1998-2006)

viernes, 27 de noviembre de 2009

II.



En cada casa hay temblores. Están solas.
Ceden. Sus cajas negras se hunden en el mar.
Caen. Hay un ardor, un quejido, una pistola.
Una mano que oprime sin soltar.

¿Pero ves el espacio entre las casas?
Es un puente sobre el que coloqué
el silencio de cada cosa que me pasa
y al encontrar tus silencios, los besé.

Late el cuaderno de nuestras esperanzas.
Tus talismanes. Nuestros perros. Mi elixir.
Todo lo que nos dimos. Todo lo que alcanza
para poner a salvo el asombro y resistir.

La casa está en el espacio vacío.
El resto es polvo de lo tuyo y lo mío.


Foto: Adriana Lestido.
(Gracias, Bel M., por tu Lao Tsé)

domingo, 22 de noviembre de 2009

I.



Sigo la curva de tu amor. Su trayectoria.
Alzo mis brazos. Inclino mis rodillas.
Tenso mi cuerpo, observo lo que brilla
en este cielo que se imprime en mi memoria.

Todo se oxida. Piso las astillas
del alfabeto que nombró una historia.
Hubo un país del que queda la escoria
que apuntó al centro de las maravillas.

Arriba está el alivio de tu boca.
Deletrea un color. Dibuja un viaje.
La mano del terror ya no me toca.

Me diste más de lo que yo te traje.
Tu corazón que todo lo trastoca
trocó caer por jugar. Me dio coraje.


Foto: Adriana Lestido.