jean arp, maskenspiel, 1932
me seco la cara, me la saco,
la hundo en el santo sudario del auspiciante.
nadie la estrechará contra su pecho.
quien la pida y la tenga
atrapará una sombra,
lo olvidará al instante.
a quién le importa el sudor
que ha pagado por ver
en la asepsia de un coliseo sin leones,
en la tranquilidad de un desafío controlado.
es justo que así sea.
aquí dentro todos seremos felices,
mientras afuera se estrellan los autos.
olvidaremos el agujero en la red,
montaremos los ojos a un círculo de felpa,
sabremos cuánto es el tiempo que nos queda
de un tiempo en el que nunca
se ve a alguien
morir.
(Wawrinka, en construcción)

